jueves, 12 de agosto de 2010

EL OTRO LOBO

Han pasado muchos años, desde que me satanizaron; pero llegó el momento para que los niños viejos reconstruyan mi imagen.

Vagué mucho tiempo por el bosque solo y hambriento, sin hallar solidaridad; me refugié en la casa de la abuelita de la tal caperuza; ella me brindó calor de hogar. Muy pronto fuimos el uno para el otro

Pero no hay dicha completa: tenía que aparecer la caperuza, con la vianda de siempre. Llegó una mañanita y llenó de cuentos a la abuelita: que yo era agresivo, que era tan glotón que me comía los niños, que encarnaba todos los antivalores.

Fui el primer desplazado por ejercer la ley del amor. Ellas quedaron solas y yo seguí vagando por el mundo. Pero por fin la humanidad comprendió que el lobo no es como lo pintan.

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